El Sahel, zona semiárida que forma la transición entre el desierto del Sáhara al norte y la sabana al sur y que atraviesa África desde el sur de Mauritania hasta el norte de Etiopía, es un territorio sumamente hostil, donde el agua es el valor más preciado posible. En él viven diversas comunidades con una gran capacidad de resiliencia, basada principalmente en un fuerte sentido de pertenencia al grupo, que conlleva la realización de acciones colectivas, muchas de ellas insertas en unas formas tradicionales de pensar y actuar.

Estas acciones colectivas se ven profundamente marcadas por la falta, esencial, de agua. Es un postulado que sin ella difícilmente se pueden generar procesos de cambio social, de transformación de las formas sociales, ni siquiera permite unas mínimas condiciones de vida.

En el Sahel, en concreto en la zona sur de Mauritania, viven diversas comunidades de Soninkés, cuna de muchos de los miembros de nuestra ONG, convecinos nuestros, con los que trabajamos conjuntamente realizando proyectos de codesarrollo; para ellos, como un imperativo moral irrenunciable: sus familias como bien supremo; para nosotros, como un deber moral desde el Norte.

En dos de estas comunidades, Bouanzé y Tachott Berane, en las que previamente se localizaron acuíferos y posteriormente se organizaron, de motu proprio, cooperativas agrícolas de mujeres, se han instalado dos molinos de viento (*) cuya función es la extracción de agua. En el primero el acuífero está a unos 18 metros de profundidad y en el segundo, a unos 40 metros de profundidad. Estos molinos vierten el agua en diversas balsas construidas con este fin desde las que se facilita el acceso a la misma.

Este uso de una tecnología barata, sostenible, que sólo requiere la energía eólica para su funcionamiento, en una zona donde es difícil conseguir otras fuentes de energía por su elevado coste y dependencia, está impactando enormemente en la propia realidad de estas comunidades, tanto en su funcionamiento como en su estructura y su organización social.

La cada vez mayor producción de verduras, legumbres y hortalizas, disponibles de manera comunitaria, permite alimentar de manera más variada y nutritiva a toda la población, la cual está experimentando un gran avance en salud, en condiciones de vida en general y en mejores expectativas comunitarias.

Las mujeres son el principal agente de cambio en estos momentos; no es posible serlo sin un proceso de empoderamiento, de adquisición de poder e independencia de un grupo social tradicionalmente desfavorecido; los huertos, gestionados por ellas y rigiéndose por el principio de utilidad: el mayor bien para el mayor número de personas, les está dando visibilidad, voz y un gran peso social.

Las niñas, liberadas de la tradición ancestral de ser ellas las encargadas de ir a por agua, normalmente a  distancias considerables, ven facilitado su acceso a la escuela, pilar básico para su futura emancipación, lejos de los actuales clichés sociales, poco favorables para la mujer, actualmente con altas tasas de analfabetismo.

Para las mujeres hoy, sustentadoras del clan familiar en su amplio sentido del término, esta presencia e impacto social las convierte en verdaderos agentes de cambios sociales profundos de los que deberán surgir unas comunidades más fuertes, más autosuficientes y también, por qué no, más justas; parafraseando a Churchill, pero cambiando el género: “nunca tantos debieron tanto a tan pocas”.

Una tecnología relativamente sencilla, aplicando conocimientos científicos a una técnica poco utilizada, a pesar de ser bastante antigua, está permitiendo una profunda transformación social en estas comunidades y su entorno.

Su gran receptividad a la hora de acoger acciones e influencias las ha llevado, con ayuda de los hombres de sus comunidades, a sembrar árboles autóctonos, cuya función principal es la de construir una barrera verde que contribuya a medio y largo plazo a revertir, ni que sea ligeramente, las condiciones climáticas en esta zona.

Actoras imprescindibles de un proyecto que se imbrica fuertemente, aunque sea de ámbito relativamente local, con 12 de los 17 ODS (Objetivos de desarrollo sostenible) objetivos aprobados el 25 de septiembre de 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas en la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, con los que se pretende erradicar la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y poner freno al cambio climático.

Nunca tantos se beneficiaron tanto con tan poco.

En el momento de cerrar el proyecto se ha podido constatar que el proyecto se alinea con los ODS siguientes:

ODS 1 FIN DE LA POBREZAmeta 5 “fomentar la resiliencia de los pobres y las personas que se encuentran en situaciones vulnerables y reducir su exposición y vulnerabilidad a los fenómenos extremos relacionados con el clima y otras crisis y desastres económicos, sociales y ambientales”

ODS 2 HAMBRE CERO meta 1 Para 2030, poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas, en particular los pobres y las personas en situaciones vulnerables, incluidos los lactantes, a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año”.  Meta 3 “duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores familiares, los pastores y los pescadores, entre otras cosas mediante un acceso seguro y equitativo a las tierras, a otros recursos de producción e insumos, conocimientos, servicios financieros, mercados y oportunidades para la generación de valor añadido y empleos no agrícolas”. Meta 4 “asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos y aplicar prácticas agrícolas resilientes que aumenten la productividad y la producción, contribuyan al mantenimiento de los ecosistemas, fortalezcan la capacidad de adaptación al cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos, las sequías, las inundaciones y otros desastres, y mejoren progresivamente la calidad del suelo y la tierra”.  Meta 2a “Aumentar las inversiones, incluso mediante una mayor cooperación internacional, en la infraestructura rural, la investigación agrícola y los servicios de extensión, el desarrollo tecnológico y los bancos de genes de plantas y ganado a fin de mejorar la capacidad de producción agrícola en los países en desarrollo, en particular en los países menos adelantados”

ODS 5 IGUALDAD DE GÉNERO Meta 5 “Asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública”

ODS 7 ENERGÍA ASEQUIBLE I NO CONTAMINANTE Meta 1 garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos”. Meta 2 “aumentar considerablemente la proporción de energía renovable en el conjunto de fuentes energéticas”. Meta 7a “aumentar la cooperación internacional para facilitar el acceso a la investigación y la tecnología relativas a la energía limpia, incluidas las fuentes renovables, la eficiencia energética y las tecnologías avanzadas y menos contaminantes de combustibles fósiles, y promover la inversión en infraestructura energética y tecnologías limpias”.

ODS 13 ACCIÓN POR EL CLIMA Meta 13.1 “Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países”

ODS 15 VIDA DE ECOSISTEMAS TERRESTRES Meta 15.3 “luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y procurar lograr un mundo con una degradación neutra del suelo”

En la medida de nuestras posibilidades y de la magnitud del proyecto hemos contribuido a los ODS de manera clara y sostenible en el tiempo.

(*) Molinos fabricados por Molins Tarragó (Montblanc) empresa propiedad de Josep Tarragó, voluntario de nuestra ONG para la instalación y puesta en marcha de los mismos.